Delirios del bolero.

Hortencia cabalgada fuerte sobre un pene gordo y pequeño, sobre una cama dentro de un motel barato. con carita de asesina observa a su cliente que no ha podido mirarla a los ojos.
A ella solo le excita el dinero que ya le han pagado, ese que aguarda dentro de la cartera de la abundancia junto a los condones, el celular, el lubricante, el carnet y un cuchillo.
Tan grandota aplasta los muslos blancos con su culo moreno y con tanta destreza para el sube y baja no le da respiro alguno; calcula perfecta la punta de la roca húmeda para que no se saliese de su cavidad, nunca, jamas.
Y tan grandota se agarra de los hombros ajenos; sus senos bailan por encima del rostro ya sin nombre.
-Quiero matarte. no dejaba de repetir.
Y cabalga mas fuerte, sin dar tregua.
Sin dar tregua, sin dar tregua.
-Voy a matarte. gritaba dentro de su mente.

De un impulso agarra la cartera que dejò al alcance de sus largos brazos, empuña el cuchillo y abre con destreza de cirujana el cuello sin papada del sujeto, un movimiento rápido y un corte pulcro hacìan convulsionar el cuerpo de aquel, que al estar esquivando su mirada, no pudo prevenir la pulsiòn de asesina que escarlataron sus ojos salvajes.

Un aburrido gemido sale del hombre; el conductismo hace lo suyo y automaticamente deja de saltar sobre el cuerpo. queda quieta encima toda grande, cerrando de apoco los ojos mientras va sintiendo como el  rio tibio empieza a correr dentro del latex.

No hay palabras en el trayecto devuelta a casa, Hortencia fuma indiferente con la ventana abierta, esta pensando en que gastar el dinero. solo quiere llegar a su hogar travesti, comprar un vino y tomar con sus amigas, mientras escuchan boleros, acarician gatos babosos y lloran entre la semiluz de las velas.

Un beso de despedida quiso darle para agradecerle por seguir vivo, pero ella lo esquivò. no esta dispuesta a recibir la ternura del mundo, su corazón se lo había dado como ofrenda a la muerte hace mucho, hace  tiempo.

Comentarios